48

Quien se ocupa en aprender,
    ése va a más día a día.

Quien se ocupa en el sentido,
    ése va a menos día a día.

Ése va a menos y a menos,
  hasta que al final llega al hacer-nada.

En el hacer-nada no queda nada sin hacer.

Sólo se puede alcanzar el reino si se queda uno
  cada vez más libre de la actividad.

Los muy ocupados no están enviados
  para alcanzar el reino.



Tienen buen sentido las dos primeras frases: el que se dedica a aprender, va a más (en la Realidad) día a día: Aprender es cosa propia de la Realidad, porque se aprende cómo es la Realidad. O sea, consiste en defender la fe en ella: obviamente, el que se dedica a aprender defiende que se puede saber.

Con la segunda frase, lo más importante es que queda contrapuesto el sentido al saber, como cosas distintas (por tanto se descarta que el sentido o razón sean ningún tipo de sabiduría ni supongan ningún tipo de aprendizaje).

Se puede reconocer que en tanto intervenga y hable el sentido común por la boca de uno, en la Realidad esto va a tener consecuencias de fracaso, de no éssito para ese uno, que irá a menos y a menos. (Es bueno recordar que uno parte de que se encuentra con su persona, que tiene su puesto, su importancia, su Futuro; y tiene siempre sentido reconocer que la guerra es contra esa persona, ese Futuro y que, por tanto, de lo que trata el sentido es de negar esa continuación, esa verdad del Futuro).

"Éste va a menos y a menos, hasta que al final llega al hacer-nada": Frase que, aunque parezca que ya anuncia una especie de fin para el sentido (el de llegar a hacer-nada), puede perdonarse porque continúa con la imagen (recordemos que siempre falsa si se toma en serio) que se viene usando de ir a menos y a menos (es sólo una descripción realista, porque en verdad ahora, al hablar el sentido, no vamos ni a más ni a menos, porque ahora es incomparable; ahora no es un caso de nada). Además, la frase de después en sí misma parece resaltar la contradicción y, por tanto, nos avisa de que no nos tomemos lo de "nada" literalmente: "En el hacer-nada no queda nada sin hacer", o sea, podría glosarse mejor diciendo: "Si no hay que hacer nada, no queda nada que esté sin hacer".

Después parece que viene la asimilación de eso, metiendo al final descaradamente el Futuro; anunciando el camino del que practica el sentido (cosa ya en sí misma contra el sentido): diciendo que al final llegará al reino.

Parece útil comparar las dos frases: la del sentido y la que lo intenta neutralizar convirtiendo la cosa en una receta para vivir; en una moral:

- Dice el sentido: "Quien se ocupa en el sentido, ése va a menos día a día."

O sea, uno ahora ya se está dejando llevar por el sentido (sin Futuro ninguno). Secundariamente, volviendo un poco a tener en cuenta la Realidad, nos damos cuenta que quedan las personas (y en general las realidades que se dejen herir por razón) tocadas en su escalafón; que van a menos día a día.

- Y la asimilación del sentido dice esto otro: "Sólo se puede alcanzar el reino si se queda uno cada vez más libre de la actividad."

O sea, lo que antes era una cosa secundaria, una consecuencia (realista) de cuando nos dejamos herir por el sentido (la consecuencia de ir a menos), ahora eso se convierte en lo primero: se convierte en el camino o moral que hay que practicar para alcanzar el reino. Esto del reino, entonces, será algo así como alcanzar el sentido reconvertido en sabiduría.

Es buen ejemplo de cómo, ante nuestros ojos, se intenta falsificar lo simple y claro de lo que acaba de sonar en razón para posponer esa razón al Futuro; o sea, para intentar matarla.

1

El sentido que se deja espresar no es el sentido eterno.
El nombre que se deja nombrar no es el nombre eterno.   

'No-ser' llamo yo al comienzo de cielo y tierra.
'Ser' llamo yo a la madre de los individuos.

Por eso la dirección hacia el 'no-ser' lleva a contemplar 
  la esencia prodigiosa.
La dirección hacia el ser, a contemplar los límites de los sitios.

Ambos son uno desde el origen y sólo distintos por el nombre.
En su unidad, a eso se le llama el secreto.

Más profundo secreto incluso que el secreto es la
   puerta por la que aparecen todos los prodigios.



El sentido eterno, si acaso, es el que ahora se nos presenta y quizá sea ése el sentido honrado de 'eternidad': algo así como ahora. Lamentablemente, al ser un nombre con su significado, es lo normal que se reclame que quiera decir "el ahora". Pero ahora no es "el ahora": ahora está fuera del tiempo real.

¿'Nombre' y 'sentido' serán igual? o ¿será 'sentido' lo que no es y 'nombre' lo que es? Más bien parece esto último: que los tres párrafos primeros sean tres párrafos paralelos (de dos frases cada uno), donde en los tres se comparan el sentido y el nombre. Si esto es así, en el segundo y tercer párrafo al sentido se le nombra como 'no-ser' y al nombre como 'ser'. Veamos los tres párrafos:

    • El sentido que se deja espresar no es el sentido eterno.
    • El nombre que se deja nombrar no es el nombre eterno.
    A los dos (sentido y nombre) se les dice eternos. Si se entiende, como decíamos, "eterno" por "de ahora", quizá pueda entenderse que el nombre pretende ahora ser lo que es y ahora el sentido niega esa pretensión.
    • 'No-ser' llamo yo al comienzo de cielo y tierra: parece que si entendemos cielo y tierra como la moderna Realidad, puede tener sentido decir que sin no-ser no hay Realidad. O sea, que la Realidad no puede ser todo lo que hay, aunque lo pretenda. En el comentario al trozo 2 se habla más de esto.
    • 'Ser' llamo yo a la madre de los individuos: El individuo es el que pretende ser lo que es y nada más.
    • Por eso la dirección hacia el 'no-ser' lleva a contemplar la esencia prodigiosa. O sea, más a lo sencillo, prodigio o maravilla será cualquier cosa que no se sabe, que no está sabida, y para que se nos presente tiene que pasar a la vez que se descrea de las cosas, o sea, que se rompa su supuesta unidad para que aparezca lo que no se sabe.
    • La dirección hacia el ser, a contemplar los límites de los sitios: o sea, la de-finición (que pretende ser esacta) de la Realidad.
Después de estos párrafos paralelos donde se van contraponiendo las cosas que son lo que son (en falso) contra lo que viene a negar que sean lo que son, el párrafo siguiente (interpolado contra razón) pretende no hacer caso de los anteriores y asimilar esa contraposición: "Ambos son uno desde el origen y sólo distintos por el nombre": Pero bien se han ido diciendo antes las cosas que se contraponen en ellos (empezando por advertir que al hablar de ellos ya se están falsificando) y, por tanto, no es que sean lo mismo desde siempre y que se distingan sólo por el nombre. Para esta asimilación, se inventa eso de que los dos forman una unidad y que eso es "el secreto". Tan secreto, que no puede tener buen sentido. Lo que no es lo que es, no puede formar ninguna unidad, ni en sí mismo ni con otra cosa. La última frase, quizá se pueda sentir como una contestación a la interpolación anterior: Secreto o misterio, el de verdad -diría esta frase a la anterior- no es eso que dices, sino cómo es que aparecen más y más cosas desconocidas, sin límites, sin fin, prodigiosas por tanto, maravillosas, asombrosas. Eso sí es el gran misterio. Lo dice así:
  "Más profundo secreto incluso que el secreto es la
   puerta por la que aparecen todos los prodigios."

81

Las palabras verdaderas no son bonitas;
  las palabras bonitas no son verdaderas.
La virtud no persuade;
  la persuasión no es virtuosa.

El sabio no es culto;
  el culto no es sabio.

El llamado no acumula ninguna posesión.
Cuanto más hace para otros,
  más posee.
Cuanto más da para otros,
  más tiene.
Sentido del cielo es
  proveer sin hacer daño.
Sentido del elegido es
  obrar sin pelear.



Quizá en el primer párrafo esté hablando el sentido y el resto sea la consabida asimilación de esto. Desde luego que no se puede decir que las palabras verdaderas, los ataques a las mentiras, sean palabras bonitas: son tajantes y son desilusionantes. Y lo de que la virtud no persuada, se podría decir con palabras de hoy como que: "la virtud no tiene éssito". Pero, ¿y si queremos encontrar una palabra más de hoy para la anticuada 'virtud'?

Después sigue la cosa hablando ya del "sabio", "del que sabe" y se dice que no es culto (más a lo actual se podría decir que "no está formado"). Esto ya va contra el sentido, porque los que saben no son otros que los formados; los espertos. Así es como está montada (en falso) la Realidad. Lo otro es mantener la fe en que por ahí hay sabios de verdad que no están creados por el Dinero.

De ahí, de mantener la fe en el sabio, ya es normal que se pase a hablar una vez más de esos "llamados": modestos, humildes, pero que a la chita callando, saben y actúan.

80

¡Un país que sea pequeño y pocos sus habitantes!
Que no se usen herramientas
  que multipliquen la fuerza de los hombres.
Que el pueblo se tome en serio la muerte
  y que no viaje a sitios remotos.
Aunque hubiera barcos y carrozas a disposición,
  que nadie haya que viaje en ellos.
Aunque hubiera allí armaduras y armas,
  que nadie haya que las desenvuelva.
Que el pueblo vuelva a anudar cuerdas
  y que las use en vez de la escritura.
Dulce su comida, 
  bellos sus vestidos,
    pacíficas sus casas
      y alegres sus costumbres.
Puede haber países vecinos al alcance de la vista,
  que se puedan oír de unos a otros los perros 
    y el canto de los gallos:
y, sin embargo, puede ocurrir que la gente muera 
  de muy vieja sin haber viajado de un sitio a otro.



Parece un trozo enterizo que habla como para ordenar a las gentes. Habla de la ilusión de saber cómo debe vivir el pueblo, si bien con un tono melancólico y, como si dijéramos, no muy firme.

A pesar de las advertencias en razón que se pueden sentir en el trozo (como, p.ej., la tan actual plaga de tener que viajar a sitios remotos o la plaga de armamentos que sigue el poder echando sobre las gentes, no sólo con sus fábricas de armas y sus ejércitos de policías y soldados -monopolios ambos de los estados- sino, sobre todo, con la de la producción de películas y cosas de la tele donde se recuerda a la gente que es lo más normal del mundo esa producción y esos ejércitos). A pesar de eso, digo, hay que fijarse cómo junto a esa descripción esterna del país y sus costumbres, parece que no pueda faltar el punto de doctrina que sostiene toda esa ilusión de orden: la de que rija la muerte; que la gente se la tome en serio.


79

Aplacamos el rencor grande
    y todavía queda rencor de sobra.
¿Cómo puede ser eso bueno?

Por eso el llamado se mantiene en su deber
  y no essige nada de otros.

Por eso:
  Quien tiene vida,
    se atiene a su deber,
  quien no tiene vida,
    se atiene a sus derechos.



En el primer párrafo parece que pudiera hablar el sentido en contra de las recetas, las terapias, las doctrinas y lo que sea, que tanto circulan para aplacar los odios, las venganzas, los malos pensamientos, las obsesiones, etc. Son recetas muy del gusto del poder. Se puede glosar el párrafo así: Después de tantos tratamientos, terapias, medicinas, bajas por depresión en los trabajos; de tantos miles y miles de sicólogos, vigilantes sociales, reestructuradores de familias desestructuradas, cientos de miles de profesores-vigilantes y jueces de niños, millones de juicios para que las parejas que se rompan sigan eternamente unidas (por el Dinero, por la posesión de los hijos, por la posesión del piso); después de tantos intentos de querer tener una vida de las que dicen felices; de no estar encerrados; de buscar grupos de amigos o actividades organizadas; después de todo eso contra la miseria (la miseria de verdad, no la del hambre y el frío que todavía predica la tele mintiendo), después de eso, todavía hay miseria de sobra. ¿Cómo puede ser eso bueno? ¿Se ataca la miseria de la Felicidad con toda esa rueda de soluciones, o es esa rueda de soluciones lo que trae la miseria?

Y en lo que sigue al primer párrafo, parece que se contrapone 'deber' a 'derecho', como si las dos cosas no fueran la misma: las dos vienen del Señor. Podría decirse más bien:
  Quien no tiene vida,
    se atiene a su deber,
    a su cometido,
    a sus derechos.

78

En todo el mundo no hay nada más blando y débil que el agua.
  Sin embargo, nada llega a igualarla
    en su forma de acosar a lo duro.
No se la puede cambiar por nada.

Que lo débil vence a lo fuerte y lo blando vence a lo duro
  lo sabe cualquiera en la tierra,
    pero nadie puede actuar conforme a ello.

Así también dijo un llamado:
  "Quien toma sobre sí la suciedad del reino,
     ése es el señor en el sacrificio a la tierra.
   Quien toma sobre sí la desdicha del reino,
     ése es el rey del mundo."
Las palabras verdaderas son como puestas del revés.



El párrafo primero, puede traer una imagen buena, la del sentido o razón que ataca a lo duro, a las mentiras: que desmiente lo pretendidamente macizo, la pretendida unidad, lo pretendidamente bien establecido. Puede ser una buena imagen mientras no se la tome en serio. Como imagen, claro, es falsa. Porque el sentido, lo que viene a romper la fe, no está en el mundo; no es nada positivo de lo que se pueda saber: es puro acto en contra. No se puede medir ni comparar con nada real. Y en esto, sí que está bien la negación final de este primer párrafo: "No se la puede cambiar por nada".

Lo que sigue después de este primer párrafo es un camino de asimilación o de ir metiendo en la Realidad la cosa (es, como decíamos, el peligro de tomarse en serio las imágenes): Dice que lo débil vence a lo fuerte. Con esto, a la mentira de que la negación sea débil o blanda (puesto que no es real, no puede ser eso) se añade la de la imagen de la victoria, de vencer, que ni se ve para qué pueda servir, ni se ve que en la Realidad pueda asegurarse ninguna victoria. Más bien, basta con desmentir lo que tantas veces el poder dice: que siempre ha habido, que hay y que habrá opresión con sus mentiras. Eso sí que es una fábula, una trola del propio poder que quiere hacerse total y eterno. Eso se puede desmentir así de fácilmente; no hay por qué creer en una victoria futura: el sentido no está interesado en nada de eso: hace ahora, desmiente ahora.

Ya el último trozo es descaradamente contra el sentido, con más descripciones de los propósitos y conductas de los "llamados"; sus sacrificios y su victoria usando algo así como la modestia, la austeridad y el consiguiente (y funesto) respeto.

La última frase, así suelta, sí parece que puede ser graciosa: "Las palabras verdaderas son como puestas del revés."


77

El sentido del cielo,
  ¡cómo se parece al que tiende un arco!
Lo alto lo oprime hacia abajo,
  lo hundido lo levanta.
Disminuye lo que tiene demasiado,
  completa lo que no tiene bastante.
El sentido del cielo es
  amenguar lo que tiene demasiado,
  completar lo que no tiene bastante.

El sentido del hombre no es así:
Él amengua lo que no tiene bastante,
  para ofrendárselo a lo que tiene demasiado.

Pero, ¿quién está en disposición de, aquello de lo
  que tiene demasiado, ofrendárselo al mundo?
Sólo ése tiene entonces el sentido.

Así también el llamado:
Consigue y no retiene.
Si está el trabajo llevado a término,
  entonces no persiste en ello.
No desea mostrar su importancia a otros.



Es una defensa de la justicia. De la justicia del cielo. Y la opone a la injusticia del hombre. Es una defensa del orden divino.

Ya se ve la trampa al hablar de tipos de sentido: sentido del cielo, sentido del hombre. Si el sentido dice que el sentido que se nombra no es el sentido, ¿cómo podría echarse el sentido a nombrar tipos reales del sentido?

Es normal que termine el trozo declarando que eso del sentido puede alcanzarse y entonces ser sabio. Dice que, p.ej., el sabio consigue y no retiene: pero ¿no retiene el haber alcanzado el sentido? Pero eso lo afirma antes: que el sabio tiene el sentido. ¿Cómo tenerlo sin retenerlo?

76

El hombre cuando viene a la vida
    es blando y débil,
y cuando muere,
    entonces es duro y fuerte.
Las plantas cuando vienen a la vida
    son blandas y tiernas,
y cuando mueren,
    son secas y rígidas.

Por eso son los duros y fuertes
    compañeros de la muerte,
los blandos y débiles,
    compañeros de la vida.

Por eso:
Si las armas son fuertes,
    entonces no vencen.
Si los árboles son fuertes,
    entonces se les corta.
Lo fuerte y grande 
    está abajo.
Lo blando y débil 
    está arriba.



Dice que el hombre cuando viene a la vida es blando y débil; y podemos preguntar: ¿cuándo es eso de venir a la vida el hombre o las plantas?

Sigue con que el hombre, cuando muere, es duro y fuerte. Pero, ¿cuándo es eso de la muerte?

A lo mejor el segundo párrafo, así suelto y sin más, puede tener gracia: compañeros de la vida y de la muerte. Eso declara que la vida y la muerte están cerquita, pero nunca aquí, nunca nosotros mismos, nunca ahora. ¿Quién vive y quién muere, entonces?

El último párrafo ya es una vuelta a la ordenación.


75

Que el pueblo tenga hambre
  viene de que los de arriba se zampan muchos impuestos,
  por eso tiene hambre.

Que el pueblo sea difícil de guiar
  viene de que los de arriba actúan demasiado,
  por eso es difícil de guiar.
Que el pueblo se tome a la ligera la muerte
  viene de que los de arriba buscan demasiado la opulencia de la vida,
  por eso se toma a la ligera la muerte.

Pero aquél que no actúa por amor a la vida
  es mejor que ése a quien la vida le es preciosa.
  


Parece que el primer párrafo pueda ser el trozo original donde habla el sentido: otra vez una simpleza que sería una contestación a las monsergas oficiales de los sabios que pretenden dar recetas de gobierno.

A esto sigue, en el segundo párrafo, una glosa con aires de continuidad, pero que ya se siente lo que quizá en el primer párrafo se quiere ridiculizar: tiene aire otra vez de doctrina gubernativa, donde se vuelve a anhelar la fe en la muerte.

En el último párrafo, el sentido contesta a lo que se ha dicho en el anterior. Le contesta desmintiendo lo que ahí se dice: contra la recomendación de creer en la muerte; contra el temor a la muerte y, por tanto, contra actuar por precaución para guardar la vida, el sentido dice que es mejor aquél que no actúa por amor a la vida. Es mejor que ése al que la vida le es preciosa. O sea, es mejor que ése que teme la muerte.



74

Si la gente no teme la muerte,
   ¿cómo se la podría entonces amedrentar con la muerte?

Pero si mantengo costantemente a la gente en el temor a la muerte
  y alguno promueve cosas raras, ¿debo prenderlo y matarlo?
      ¿Quién se atrevería a eso?

Hay siempre una fuerza y poder mortal que es lo que mata.
Matar en lugar de esta fuerza de muerte,
  es como el que quiere ir a usar el hacha en lugar
  de que lo haga el carpintero:
      Es raro que no vuelva sin haberse cortado la mano.



Quizá el trozo sin ninguna interpolación sería la enunciación de las dos posibilidades reales, que una escluye a la otra.
  • O la gente no teme a la muerte...
  • O mantengo a la gente costantemente en el temor a la muerte...

[El resto del capítulo sería una glosa para intentar meter en el mundo a la muerte como cosa natural. Para esplicar cómo hay que tratarla (admitiéndola).]

La primera opción es que no se tema a la muerte (o sea, no saber qué sea eso, quitarla de enmedio, no creer en ella): entonces no se puede amedrentar y someter a la gente.

La otra opción es la de promover la fe en la muerte y tener a la gente pendiente y atemorizada con ella: Entonces resulta que en realidad eso no es bastante (diríamos, porque la fe no es total y falla) y siempre alguien, descreyendo de ella, de la muerte, se deja llevar o deja salir de él algo raro, portentoso; algo no atemorizado, no sabido, no conformado con la muerte. Esto es terrible para la muerte, para la fe, porque si no es total, si hay más cosas que no se someten a ella, quiere decirse que no es fatal, que es mentira. En este caso, el trozo describe cómo en Realidad se actúa para intentar imponer la ilusión de la muerte; intentar demostrar que nada se escapa: atrapando al que anda en cosas raras y matándolo. Inmediatamente se pregunta entonces por quién hace eso, quién se atreve a eso. Lo seguimos preguntando: ¿Quién tiene esa desvergüenza?

73

El que muestra valor en temeridades,
    perece.
El que muestra valor sin ser temerario,
    se queda en la vida.
De estas dos, 
    una de las formas tiene ganancia,
    la otra daño.

¿Pero quién sabe la razón por la que el cielo odia a uno?

Así también el llamado: Ve las dificultades.

El sentido del cielo no pelea
    y sin embargo es bueno en vencer.
No habla
    y sin embargo encuentra.
No hace señas
    y sin embargo todo viene de sí.
Es reposado
    y sin embargo es bueno en planear.

La red del cielo es de malla totalmente ancha,
  pero no pierde nada.
    


Al principio es un trozo más en el que se recomienda la prudencia (el temor) y la humildad para vencer, y casi todo el resto del trozo vuelve a describir al supuesto sabio y cómo con su prudencia y su comedimiento vence, alcanza y planea. Aunque en vez del "llamado", habla en un párrafo del "sentido del cielo" como el que hace todas esas cosas. El sentido del cielo está ocupado en sacar de sí a "todo" y que nada queda fuera: "la red del cielo (...) no pierde nada".

Toda esta apoteosis de la totalidad, de lo controlado, de Dios, de sabiduría, sin embargo, está rodeando en el testo una frase que difícilmente encaja con lo demás. Es una pregunta: "¿Pero quién sabe la razón por la que el cielo odia a uno?".

Esta pregunta, como toda pregunta, puede intentar solucionarse o dejar que pregunte sin fin, deshaciendo la fe por la que pregunta: atacando lo que se sabe: dudando, en este caso, de que ni en el cielo mismo haya razón alguna que guíe lo que va pasando; que lo que se pueda decir "un mal destino", "un mal suceso", no tenga motivo, no tenga causa ninguna (y, por tanto -añadimos nosotros- hasta la propia definición o acotación de "uno" y de "su destino" queden sin fondo en el que apoyarse; queden abiertos y desconocidos, uno mismo y su destino, del que ya no se puede decir si es para bien o para mal de ese "uno", porque uno ya no es uno).

Esto parece que sí suena en esa frase rodeada de la doctrina que salpica todo el libro.


72

Cuando la gente no teme lo horroroso,
   entonces viene el gran horror.

No hagas estrechas sus viviendas,
    ni incómoda su vida.
Pues sólo así (que no vivan en la estrechez)
    su vida no se hace incómoda.

Así también el llamado:
  Se reconoce a sí mismo,
    pero no quiere brillar.
  Se ama a sí mismo,
    pero no busca honra para sí.
  Aparta lo otro y coge esto.



Apenas entendible el camino que sigue este capítulo: invitación a temer lo horroroso para prevenir el gran horror. Parece algo sin sentido que se ha perpetuado en la tradición. Es de notar ese respeto que, p.ej. en la biblia, también fueron teniendo los sacerdotes judíos con trozos repetidos o sin sentido, copiados y perpetuados maquinalmente. Algo que sólo es posible si no se oye lo que dicen, y uno se dedica a respetar la letra muerta.


71

Saber la no-sabiduría 
    es lo más alto.
No saber lo que es 'saber'
    es un sufrimiento.
Sólo si se sufre por ese sufrimiento
    nos libramos del sufrimiento.
Que el sabio no sufra 
    viene de que sufre ese sufrimiento.
Por eso no sufre.



Nos encontramos con una cosa que le llaman 'la no-sabiduría'. Lo que sería entonces eso de "no saber" (no saber ni esto ni aquello) mientras están pasando cosas sin fin, las que fueran o vayan siendo, sin que nos ocupemos de saberlas, queda falsificado al hablar de la cosa positiva "la no-sabiduría", que, según parece, también es algo que se podría saber: sería, de hecho, "lo más alto" saber eso.

O sea, predica el aprendizaje, el camino de aprender a no saber. Predica un futuro: predica una obligación. Propone un fin que se puede alcanzar, que se puede saber, que se puede coger: Ese fin sería una cosa real: "la no-sabiduría".

Se puede deshacer el trozo despacito, para ir sintiendo cómo la aparente contradicción inicial, no lo es, sino que es un intento de asimilación del simple desengaño. El que suena: "No sé".

- No saber no es nada positivo; por tanto no se puede saber.

- Que no sé lo que es un ojo (por ejemplo), no puede ser lo más alto, porque no es nada real a comparar con las cosas reales: ni alto, ni bajo. No sé lo que es un ojo quiere decir que estoy a otras cosas, que no me meto en que los ojos tengan que ser algo así o asá; no me ocupo de lo que es el ojo.

- No saber (lo que es un ojo), como cualquier otra cosa que no pase, no puede ser sufrimiento, si es que de verdad no pasa.

- Lo que se podría decir es que uno, a veces, se da cuenta de que sabe qué es un ojo, pero eso que sabe, es mentira. O sea, se da cuenta de que hacía como que sabía qué era un ojo, pero que estaba engañado. Ese des-engaño (que no es ningún saber) pudiera querer decirse que es un sufrimiento. Pero, ¿no será más bien una alegría desengañarse? ¿Dejar de estar engañado? ¿Ver que era mentira lo que, por otra parte, de alguna forma, ya se sentía que era mentira o que nos daba que sufrir?

70

Mis palabras son muy fáciles de entender,
    muy fáciles de llevar a cabo.
Pero nadie en la tierra las puede entender,
    las puede llevar a cabo.

Las palabras tienen un antepasado.
Las acciones tienen un dueño.

Porque no se entienden éstas, no se me entiende.

Justamente en que se me entienda tan rara vez,
    en eso se funda mi valor.

Por eso el llamado va con harapos de pelo de cabra,
    pero en el pecho guarda una joya.



Parece que el sentido habla claro en el primer párrafo: lo que quieren hacer creer que es inamovible, insalvable, inevitable; lo que predican de la Realidad y de que las cosas son como son, eso, por otro lado, cualquiera entiende que son mentiras, que son imposiciones, que el Dinero está para joder; es fácil de entender; es fácil de llevar a cabo, pasar de los amuletos: ¡tan fácil! Tan fácil como no hacer; no seguir; no esforzarse; no trabajar; no creer... Tan fácil, pero tán contra la Realidad: dentro de la Realidad, en la tierra, al servicio del Dinero, nadie las puede llevar a cabo. Sólo en contra.

El resto del capítulo, más bien se siente como doctrina y mística del "sabio".

Quizá pudiera imaginarse que el trozo del sentido sería, sin interpolaciones, algo así:

Mis palabras son muy fáciles de entender,

    muy fáciles de llevar a cabo.

Pero nadie en la tierra las puede entender,

    las puede llevar a cabo.

Porque no se entienden éstas, no se me entiende.

Justamente en que se me entienda tan rara vez,

    en eso se funda mi valor.


En la frase "Porque no se entienden éstas, no se me entiende", "éstas" se referiría a las palabras tan fáciles de entender. En tal caso, vendría a decirse que no hay nada especial en mí que las digo; ni hay que saber nada, ni estar formado en la doctrina, en la cultura, que basta con oír lo que va sonando. Lo mismo que puede sentirse en aquel aviso de "Quien tenga orejas, que oiga", o sea, que oiga cualquiera.

69

Entre los soldados hay un dicho:
  No me atrevo a hacer de señor,
      sino que mejor hago de invitado.
  No me atrevo a avanzar una pulgada,
      sino que mejor retrocedo un pie.

Esto significa
  andar sin piernas,
  luchar sin brazos,
  lanzar sin agarrar,
  retener sin usar las armas.

No hay desdicha mayor 
  que minusvalorar al enemigo.
Si minusvaloro al enemigo
  estoy en peligro de perder mis tesoros.
Donde chocan dos ejércitos en la lucha,
  ahí vence el que lo hace con el corazón compungido.



Más consejos de moderación y humildad para lograr luchar: Nunca hacer de menos al enemigo (o sea, tener bien presente que es tu enemigo, no dejar que el enemigo se deshaga).

Quizá el párrafo central pueda ser del sentido al dar consejos que claramente en Realidad son contradictorios: Son consejos que no se pueden seguir y que sí dan que hablar sobre cómo está montada en falsedades la tan cacareada Realidad.

68

El que sabe guiar bien
    no es guerrero.
El que sabe luchar bien
    no es colérico.
El que sabe vencer bien a los enemigos
    no lucha con ellos.
El que sabe bien valerse de los hombres,
    ése se mantiene debajo.

Ésta es la vida que no pelea;
ésta es la fuerza para valerse de los hombres;
éste es el polo que llega hasta el cielo.
    


Son consejos para vencer y para valerse de los hombres, de los Recursos Humanos, como se les llama ahora. Quizá suene el sentido común en la frase suelta: "El que sabe vencer bien a los enemigos no lucha con ellos." Pero, ¿alguien sabe bien vencer a los enemigos?

67

Todo el mundo dice que será verdaderamente grande mi sentido,
    pero que, como si dijéramos, no sirve.
Justamente porque es grande,
    es por eso que, como si dijéramos, no sirve.
Si sirviera,
    entonces hace mucho que se hubiera vuelto pequeño. 

Yo tengo tres tesoros que aprecio y guardo.
El primero se llama
    amor.
El segundo se llama
    modestia.
El tercero se llama
   no atreverse a colocarse en el mundo por delante.
Gracias al amor
    se puede ser valiente,
gracias a la modestia,
    se puede ser generoso.
Si no nos atrevemos a colocarnos en el mundo por delante,
    podemos ser la cabeza de los hombres dispuestos.

Ahora, si se quiere ser valiente sin amor,
       si se quiere ser generoso sin modestia.
       Si se quiere avanzar sin quedarse atrás:
           Eso es muerte.

Si se tiene amor en la lucha,
    entonces se vence.
Si se tiene en la defensa,
    entonces se es invencible.
A quien quiere salvar el cielo,
    a ése lo protege con el amor.
    


Habla el sentido en el primer párrafo para desmentir lo que tanto se empeñan desde arriba en repetir, eso de que razón lo es, en tanto que sirve para algún ojjetivo; que sirve para el éssito. Y desmiente también, o pone en ridículo, lo que también dicen de que: "Será muy razonable lo que dices, pero la Realidad va por otro camino": atinadamente se le responde que, en tanto es razón, no pretende servir.

Razón nunca está metida en el cotarro y ésa es su fuerza, es siempre in-controlada. Razón nunca está bajo control: eso es lo que viene a sonar después: si sirviera, ya se habría vuelto pequeña, dominada, sin fuerza, al servicio del Dinero.

(Nótese cómo no le importa mucho al sentido usar la palabra 'pequeña' para, en este caso, hablar de la anulación del sentido. Otras veces, parece que el propio sentido la usa con buen sentido: es una buena muestra de que no se trata de defender ninguna doctrina, ni escandalizarse de ninguna palabra. El caso es desmentir las mentiras).

En el resto del trozo, más bien continúa la retahíla de doctrina de humildad y amor, para reforzar la fe en el mundo y denigrar el sentido (que no depende de esas Ideas que durante siglos y siglos se han usado para intentar dominar a amor -esplicando en qué consiste- o dominar a la vergüenza de mentir -conviertiéndola en humildad y pecado).

Aún así, parece que pudiera traer alguna advertencia en razón, si intentamos cambiar la peste de palabras como 'amor' y 'modestia' por cosas puramente negativas, como se hace en el trozo alguna vez, mostrando espresamente la contradicción:
  Si se quiere avanzar sin quedarse atrás:
      Eso es muerte.

66

Que los ríos y mares sean los reyes de todos los arroyos
    viene de que saben bien mantenerse abajo.
Por eso son los reyes de todos los arroyos.

Así también el llamado:
Si quiere estar por encima de su gente,
    entonces se coloca con sus palabras debajo de ella.
Si quiere estar por delante de su gente,
    entonces coloca su persona por detrás.

Así también:
Aguarda en lo alto
    y no se carga a la gente con él.
Permanece en el primer puesto
    y no daña a la gente.

Así también:
El mundo entero está dispuesto a llevarlo a la cabeza
    y no se ofende.
Porque él no pelea,
    nadie en el mundo puede pelear con él.

   

Se repite aquí lo que en otros trozos se lee de "para estar arriba, para vencer, ponerse abajo". No se me ocurre que tengan buen sentido esos juegos o tácticas para conseguir vencer o estar arriba: son los juegos (a veces retorcidos) de la dominación y el dominado que vemos en la Realidad, en la que esos papeles pueden estar intercambiándose o alternándose, sin que se ataque por ello al propio poder. Que el rey en distintas formas reales, esté por debajo de sus súdditos, parece algo necesario para el mantenimiento de ésta. (P.ej. Freud se fija en los ejemplos de los así llamados "salvajes" en los que al rey se le impone su puesto y muchas veces muere después de su función, sin que eso sirva de ninguna forma para deshacer las represiones -en su terminología- o las mentiras establecidas. Más bien al contrario, parece una forma de hacer llevaderas esas mentiras, o sea, de mantener en cierto equilibrio las represiones. Lo que se llamaría "la normalidad de la Realidad").

65

Los antiguos eran habilidosos en gobernar según el sentido,
    no ilustrando al pueblo, 
        sino porque lo mantenían necio.
Que el pueblo sea difícil de guiar,
    viene de que sabe demasiado.

Por eso:
Quien guía el Estado con el saber,
    es el ladrón del Estado.
Quien guía el Estado no con el saber,
    es la dicha del Estado.
Quien sabe estas dos cosas,
    ese tiene un ideal.
La vida retirada es
    reconocer siempre este ideal.
La vida retirada es 
    profunda, 
    con miras lejanas,
    diferente a cualquier cosa,
pero al final produce el gran resultado.
   


Quizá el primer párrafo pueda, suelto, tener un sentido, al despreciar el saber y recomendar la necedad (o sea, no saber), aunque todo el camino que sigue el trozo lleva al desastre de recomendar (de saber, por tanto) un tipo de vida, la vida retirada, que se dice que es distinta a cualquier cosa y que, cómo no, da al final el gran resultado: la gloria, el Futuro, la felicidad: Habría que decir que es "el gran saber" el que lleva al "gran acierto" para burlarse en lo posible de la cosa.

64

Lo que aún está en calma,
    se deja fácilmente apresar.
Lo que aún no se ha presentado,
    se deja pensar fácilmente.
Lo que aún es pequeño,
    se deja fácilmente dispersar.

Se debe actuar 
    sobre lo que todavía no esta ahí.
Se debe ordenar aquello
    que todavía no está embrollado.

Un árbol de una vara de perímetro
    nace de un tallito delgadísimo.
Una torre de nueve pisos
    nace de un montoncillo de tierra.
Un viaje de mil millas de largo
    empieza ante tus pies.

Quien actúa,
    lo estropea.
Quien retiene,
    lo pierde.

Así también el llamado:
  No actúa,
      así no estropea nada.
  No retiene,
      así no pierde nada.

La gente va a sus asuntos y siempre, cuando casi están listos,
    entonces los estropea.
Tomamos en realidad el fin como principio.

Así también el llamado:
  Desea la liberación de los deseos.
  No tiene aprecio por los bienes logrados.
  Enseña el no-enseñar.
  Se gira hacia aquello que la mayoría pasa por alto.
De esta forma
  favorece el curso natural de las cosas
  y no se atreve a actuar.



Los primeros párrafos siguen con el mismo intento de la parte interpolada contra el sentido del trozo 63, el de recomendar la previsión y la prudencia, si bien las simples descripciones de cómo funciona la Realidad pudieran por sí mismas valer (sin añadir el consejo de qué y cómo hay que ordenar las cosas).

Quizá el parrafito de después ("Quien actúa, lo estropea. Quien retiene, lo pierde") sea algo así como el núcleo original que ha sufrido las glosas antes y después para intentar esplicarlo y asimilarlo.

Después, parece que van mezcladas cosas muy distintas: Como siempre, el propio hecho de hablar de lo que hace o cómo es el sabio, va ya contra el sentido, y las advertencias de que hay que fijarse en lo pequeño o raro o en lo que no se fija la mayoría, siempre parece que dan algo que sospechar.

Igual se puede decir del contrasentido de "favorecer el curso natural de las cosas", donde no se acepta la simpleza de no hacer nada, y donde continúa con fuerza la idea de cuidar, "favorecer", proteger las cosas.

Y, sin embargo, a pesar de todo esto, salen cosas que parecen tocar directamente el corazón, quizá favorecidas por el trasiego de traducciones y casualidades de las lenguas, como es la afortunada "liberación de los deseos", de la que hablamos en el capítulo 37.