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¿Sabes dar forma a tu alma para que conciba lo uno sin despedazarse?
¿Sabes hacer homogénea tu fuerza
  y lograr la blandura para hacerte como un crío?
¿Sabes purificar tu mirar secreto de tal forma
  que se vuelva libre de manchas?
¿Sabes amar a los hombres y guiar el Estado
  para quedarte sin saber?
¿Sabes, cuando las puertas del cielo se abren y se cierran,
  ser como una gallina?
¿Sabes con tu claridad y pureza interiores
  penetrar en todo sin necesitar de actuar?

Crear y nutrir,
crear y no poseer,
producir y no conservar,
ir a más y no dominar:
ésta es la vida secreta.



Las preguntas son eso, preguntas. Quizás con asombro y ironía se dirigen a los que dicen que se pueden alcanzar todos esos objetivos de santidad y, a la vez, con ellas se dejan al descubierto las contradicciones (mentiras) en las que consiste el Mundo, la Realidad y, en particular, la persona de uno.

El párrafo final es una añadido de alguna voz que se ha tomado las preguntas en serio, como si fuera una moral a seguir, en vez de heridas vivas de la contradicción de la Realidad.